Tan cerca, pero tan lejos

medezNo me cabe duda alguna que esta columna te identificará plenamente. Todo el mundo, sin discriminación de sexo, edad o clase social tiene hoy un celular. Ya no es status económico, sino que una herramienta imprescindible para comunicarnos. Pero cuando planteo que seguramente estas líneas te serán muy cercanas, es fundamentalmente porque entre los jóvenes, el celular ya no es necesariamente una herramienta de voz, sino de palabras, de mensajes. Es muy probable que en el transcurso de los último minutos  hayas sido el destinatario o remitente de uno de los millones de mensajes de texto que han sido lanzados al hiperespacio.
Lo relevante de este invento de la telefonía es que hemos dejado de estar obligado a contactar de viva voz o en persona a nuestros amigos. Claro, lo hacemos generalmente porque mandar mensajes es más barato que una llamada, pero también porque es más corto y preciso. t024dh01
La cosa es que ya varios expertos advierten que, sobre todo entre los jóvenes, la comunicación a través de artilugios electrónicos nos está volviendo muy flojos ante el contacto en vivo. Dicho de otra manera: sin proponérnoslo, estamos abocados al aislamiento, pero al tiempo estamos  extraordinariamente comunicados y poco preparados para la soledad. Y, por supuesto, somos adictos al celular.
Los sociólogos dicen que ya no sabemos soportar ni aprender de nuestra soledad, sino que simplemente la evitamos. Si hay que pasar algunos minutos esperando micro, si estamos haciendo fila en el banco, esperando en la consulta del médico o en la oficina del rector, todos recurrimos al celular, para ver quién llamó o quien nos mandó un mensaje. ¿Por qué los jóvenes se han aficionado tanto al celular? Nadie tiene una respuesta clara, pero es muy cierto que hoy es fácil encontrar a niños de diez años, aún en edad de crecimiento, desarrollando anatómicamente su dedo gordo mandando mensajes.iphone_rotado
Lo que plantea un desafío para los sicólogos es saber por que existe en este ritual de los mensajes de texto lo que se conoce como un “nada que decirnos”. El mensaje sin contenido -para no estar solo o estar un rato contigo- redujeron el lenguaje a su función fáctica, o sea, simplemente para comprobar que el otro sabe que estamos ahí.
Hay también otros elementos en juego aquí. Si bien el celular nos permite estar siempre ubicables –(buena forma de organizar carretes, por ejemplo), muchas veces desechamos contestarlo porque no queremos hablar con determinada persona. La pregunta obvia: “¿para que cresta le habré dado mi celular?”. Por eso muchas veces se opta por el mensaje, porque te aseguras que si esa persona no te contestará, si leerá en cambio tu mensaje. O peor aún, como el celular nos permite mantener siempre un eventual contacto con las personas cercanas (y lejanas también, obviamente), el sólo hecho de que uno no llame o envíe un mensaje aunque sea sin contenido, significa que el otro no nos importa. Es decir, hay mucho de forma y poco de fondo. No importa lo que se diga, sino decir algo, cualquier cosa.
Curioso, muy curioso, porque ahora que todos tenemos un celular, muchas veces no tenemos nada que decirnos.

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7 Respuestas a “Tan cerca, pero tan lejos

  1. Pusiste mis pensamientos de estos dias en palabras, concuerdo contigo y tambien me gustaría acotar como esta escritura (la de los mensajes) “destruye” las palabras asi desvirtuandolas.

  2. Interesante, si bien es cierto discrepo un poco pues afortunadamente el celular ha salvado en mi caso más de alguna amistad dado el poco tiempo que por pega me queda pa sentarme a chacharear si me sirve para saber de aquellos que me importan y que no tengo tan cercanos. Sin embargo es un gran tema desde el punto de la lingüistica. A la sociedad le ha costado ya mucho tiempo lograr comunicarse, lo hacemos a medias, con dificultad, nos cuesta expresar lo que sentimos y quizás ahora lo estamos tirando todo por la borda, aunque quizás también tampoco sea tan negativo porque poner en texto los sentimientos es a veces más sencillo y el tiempo que nos proporciona la redacción y la edición impide que a veces seamos hirientes y actuemos llevados por la ira.
    Sin duda un tema para el debate y la reflexión.

  3. Al leer esto comprendo que estoy vieja. Antes no había celular, aveces ni teléfono y no pasaba nada. Ahora parece que no se puede vivir si él. La gente quiere perdese, estar a solas, pero no apaga el celular. Va al cine, a comer, a misa y va con el celular encendido y los jóvenes hasta en clase se estan “comunicando” continuamente, muchas veces con sus propios compañeros.
    Que de acuerdo estoy con lo que has escrito.

  4. Solo puedo decir que simplemente concuerdo contigo, yo en verdad mi celu lo ocupo vásicamente para temas familiares y de amistad, pero por ningun motivo laboral, porque no quiero que me molesten por pega cuando estoy en casa o en otro lugar.
    Saludos y mucha suerte en tu vida.

  5. Álvaro Trevigno R.

    Uf!!!! difícil tarea la de hacer un comentario sobre este artículo, pues si bien es cierto comparto muchas de las cosas que escribes, hay otras en las que son las propias circunstancias las que nos indican lo contrario. Veamos por ejemplo mi caso, sé que no es muy “indicado” ponerse de ejemplo, pero lo vale, pues me trasladé a Bilbao, España, a realizar una maestría y por spuesto que mi preocupación fue traer mi celular. Por distintos motivos no lo pude hacer y estoy sin él hace dos meses, que son los que llevo acá. Siceramente puedo decir que no me hace falta y no lo he necesitado, si bien es cierto mis compañeros sí tienen, justamente el hecho de haber uno o más de alguno que no lo tenga, nos obliga a comunicarnos de la manera tradicional, la más amigable y quizás la más cercana… de frente. Creo que es en este contacto donde entra a jugar la riqueza del lenguaje no sólo verbal, sino también gestual y la importancia de la kinética, que es una parte importante a la hora de lograr una comunicación eficaz, que en estas otras formas de comunicación como el chat o el envío de mensajes se pierde. Eso, sin mencionar el “analfabetismo estructural ortográfico”, si podemos llamar de esa manera, a la incapacidad de redactar correctamente que incentiva este tipo de comunicación.
    Ahora bien, lo realmente importante y que subyace al comentario que haces, es que la gente es incapaz de estar un rato a solas, por eso lo nervioso que resulta ver de repente a alguien buscando desesperadamente el aparato para contestar o enviar un mensaje, cuando es justamente en esos instantes de ocio cuando más podemos aprender de nosostros y de los otros. A lo mejor algunos nos llevamos mucho mejor con nuestra soledad que otros y por eso extraña el tema, pero con todo, el celular como forma de comunicación, debiera ser visto sólo como eso, como una herramienta al servicio nuestro y cuando no está, te aseguro que no hace falta, es más, hasta se agradece no tenerlo.

  6. Estoy de acuerdo con todo lo que dices. Parece que permanentemente queremos como controlar nuestra “imagen” y también coquetear con la soledad . Tenemos muchos medios de comunicarnos pero todavía es mejor verse cara a cara.

  7. Estoy pero en completo acuerdo con que el celular se nos ha hecho una herramienta completamente necesaria es como de primera prioridad,antes uno comberzaba en la mesa al almuerzo de muchas cosas en familia ,pero ahora,uno esta comberzando un tema el otro hablando por celular del carrete del fin de semana ,que si voy altiro,que al otro lo llamaron y tiene que irse en fin todo es una locura no existe comunicacion realmente directa .Derrepente uno cuando no lo espera te llega un mensaje NO PUEDO IR HOY DIA A CASA. plop porque no llamo y lo dijo que impersonal el mensaje de texto.

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