Cuando el tamaño sí importa

CB022164La historia mundial y particularmente la nuestra nos ha demostrado con nitidez y a veces con crudeza que son la crisis las que han producido grandes presidentes. Por el contrario, gobernantes incapaces de hacer frente a las turbulencias que acechan su mandato, dejan en evidencia que las promesas de desarrollo, crecimiento y protección social le quedaron grande a quien no tuvo la espalda de estadista que aparentaba. ¿Qué ocurre hoy?
En épocas de crisis como la actual, tanto el gobierno como los candidatos presidenciales dicen estar preocupados por la situación de las Pymes. Sin embargo sorprende el cúmulo de desinformación y mitos cuyo origen se desconoce, pero cuyas consecuencias son nefastas porque generan políticas públicas que pueden resultar menos eficientes de lo que se esperaba.
Por ejemplo, es común escuchar a las autoridades decir que las Pymes generan el 80% de los puestos de trabajo en Chile. Falso. Aquí se confunde a las Pymes con las microempresas. Las pequeñas y medianas empresas son las que venden entre 2.400 y 100.000 UF al año. Las microempresas en cambio venden del orden de 600 UF al año. Es decir, si las comparamos, las más chicas representan después de los costos, prácticamente por completo a la remuneración del dueño de las otras. Por lo mismo, en su caso estamos hablando de particulares que trabajan por su cuenta y que no necesitan tanto de políticas empresariales sino que políticas sociales.
Las Pymes otorgan cerca del 50% del total del empleo y no el 80%. Esa distorsión podría generar –y en la práctica ocurre- que el Gobierno dilapide en subsidios a la tasa de interés o dinero en programas de fomento que al fin de cuentas no son utilizados por un porcentaje importante de microempresas.
Con políticas públicas mal enfocadas, a las Pymes se les hace aún más difícil mantenerse en pie. Ni hablar de lo que les cuesta nacer. Literalmente es un parto.
En Chile se requieren 9 trámites para iniciar un negocio. En Nueva Zelanda se necesitan sólo 2 trámites para abrir una nueva empresa, los cuales son realizados por internet. En Chile se emplean 27 días para poner en marcha una empresa, de los cuales 14 se destinan a la obtención de la patente municipal. El proceso de apertura tiene un costo igual al 9,8% del PIB per cápita (casi US$600), de los cuales cerca de la mitad se destina a cobros notariales. En Nueva Zelanda se gasta sólo el 0,2% de su PIB per cápita, que equivale al 7% de lo que se debe pagar en Chile (US$40). El mayor activo que tienen las Pymes es el conocimiento de su dueño en un nicho específico. Por lo tanto, lo que más las daña es que pierda tiempo en cosas que no son del giro de su negocio: por ejemplo, haciendo trámites.
Si las gestiones y diligencias burocráticas, engorrosas y casi anacrónicas exigidas para conformar una empresa representan una barrera para el emprendimiento debido al alto costo y la cantidad de tiempo que se necesita, ni hablar del proceso de cierre de una empresa. En nuestro país el proceso de quiebra de una empresa lleva 5,6 años, cuesta un 14,5% del valor del patrimonio y los demandantes recuperan el 20% de su firma en quiebra. Las estadísticas demuestran que el proceso de cierre de una empresa es un desincentivo al emprendimiento.
Los países que mejor están sorteando la crisis no son necesariamente los que están revisando las regulaciones que rigen al mercado. Son también aquellos que más favorecen el nacimiento de las Pymes, compensando así a las muchas que por distintas razones salen del mercado. De ahí la importancia de eliminar las barreras que dificultan la creación de empresas. En las naciones donde más se han simplificado los trámites para hacer negocios es donde se crean más empresas nuevas y hay, en definitiva más iniciativa empresarial.
En Chile –y volviendo a nuestra historia- han sido las crisis y no los momentos de bonanza los que más han favorecido el emprendimiento y la innovación. Es ese esfuerzo que surge por necesidad y no tanto por oportunidad lo que refleja el grado de desarrollo de Chile. Por lo mismo y con leyes que parecen apuntar en la dirección correcta pero cuyos objetivos se diluyen porque pretenden ayudar de la misma forma a empresas que son de desigual tamaño, al final resulta casi peor el remedio que la enfermedad. Terminan siendo medidas anoréxicas que en lugar de incentivar un crecimiento sano y robusto, producen un adelgazamiento del negocio que las desnutre y muchas veces las lleva a la muerte.
Si el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones, revisemos ahora –con el infierno de la crisis tan encima- qué calidad de asfalto estamos usando en el camino que nuestras autoridades están labrando. Se han implementado hasta ahora medidas audaces y oportunas y parece que vamos por la senda correcta. Saquemos el ripio del camino para avanzar más rápido y más seguro.

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2 Respuestas a “Cuando el tamaño sí importa

  1. Hola, quería enviarte mi programa presidencial, pero no sé a qué mail. ¿Tienes una dirección?

    Saludos

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