LA VENGANZA NARANJA. LA VERGÜENZA VERDEAMARILLA

El primer partido por cuartos de final de este Mundial de Sudáfrica 2010 ya hizo historia. Holanda sorprendió al mundo al dejar en el camino a Brasil, que tropezó torpemente en el paso que necesitaba hacia la conquista del hexacampeonato.

Esta fue una estupenda oportunidad para que los holandeses se tomaran revancha de las derrotas sufridas ante los brasileños en los mundiales de 1994 y 1998. Fue una inmejorable posibilidad de avanzar rumbo a un título mundial que buscan desde 1974. Aquél Mundial de Alemania, considerado por muchos como una de las mayores humillaciones que haya sufrido una selección brasileña en toda su historia. Aquella épica gesta donde Holanda se impuso por 2-0 a Brasil dejándola fuera de la final mundialista. La historia volvió a repetirse.

Con su victoria de este viernes, la naranja mecánica no sólo mejoró su registro de triunfos en serie (ocho por las eliminatorias y cinco en este mundial) sino que le quitó a los brasileños ese mismo mérito que obtuvo en el Mundial de 1970, en México. Ahora Holanda quedó sola en ese pedestal.

Los europeos querían revancha. En el mundial de 1994, Brasil los eliminó en los cuartos de final y de la peor manera posible: anotándole 3 goles en el segundo tiempo. En el siguiente campeonato, en Francia y por las semifinales, Brasil se impuso en la definición a penales. Para hacerlo todo aún más simbólico, Dunga, actual técnico de Brasil, era el capitán en ese entonces. Ambas heridas están abiertas. Llegó el momento de empezar a sanarlas. Qué mejor manera que hacerlo con goles.

Holanda llegó a este Mundial sin figurar entre los favoritos. Por fútbol y tradición esos puestos estuvieron reservados para Alemania, Argentina y por sobre todo Brasil. A pesar del gran momento de Arjen Robben y Wesley Sneijder, el equipo que dirige Bert van Marwijk no inflingía temor. No asustaba. Probablemente los afectó el hecho de mostrar un juego eficiente, eficaz pero sin brillo. Eso hasta hoy. No fue el mejor partido de su historia, pero aprovechó los errores y la desesperación de los verdeamarelos.

Ambos equipos llegaban con pronóstico incierto a ese pleito. Eran dos selecciones invictas en las fases anteriores, con marcadores bien parejos (7-2 para Holanda, 8-2 para Brasil). El equipo de Dunga ganó el año pasado la Copa de las Confederaciones mientras que los holandeses sumaban doce victorias sucesivas por partidos oficiales. Hoy se rompió ese equilibrio.

Holanda, que hace 12 años vio como una de sus mejores generaciones de futbolistas perdió su última gran oportunidad de hacer algo grande en un Mundial, la recuperó en Sudáfrica. Es cierto que esta no es la selección de Johan Cruyff y que lo que los europeos nos enseñaron en 1974 con esa innovadora táctica en la que todos defendían y atacaban aquí no la vimos.

Pero es verdad también que Port Elizabeth tuvo este viernes la posibilidad de presenciar uno de los mejores partidos que el fútbol ha ofrecido en este Mundial. Era el choque de dos de los estilos más elogiados por el público. Y la naranja holandesa impuso el suyo de mejor manera.

Columna escrita para la página Más de 90 Minutos

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