SIN LLORAR

Una tormenta en un vaso de agua. Eso generó la cerrada defensa que sus cercanos hicieron del Presidente Sebastián Piñera luego de la imitación que de él realizó el humorista Stefan Kra­mer en el programa “Halcón y Cama­león” de TVN. No fue tanto la parodia de un Mandatario lleno de tics sino el hecho de haberse burlado del jefe de Estado en el mismo programa donde minutos antes Felipe Camiroaga había tratado con guante blanco a la ex Presidenta Bachelet. Pero la gente no hila tan fino y en la raya para la suma lo que queda de la controversia es un enojo con la caricatura de Kramer y no con el fondo político del asunto.Estas no han sido buenas semanas en lo comunicacional para el Gobierno. Hace pocos días el enojo en La Moneda era con el seleccionador nacional Marcelo Bielsa por su descortesía cuando trató de saltarse un saludo protocolar a Piñera. Ministros, parlamentarios de la Alianza por Chile y alcaldes de ese sector salieron a defender con dientes y uñas al Presidente y hasta le pidieron públicamente al argentino que se fuera de vuelta a su país. Con el paso de los días la controversia decantó y de lo poco que se sacó en limpio es que la Anfp está molesta con Piñera porque aún sigue siendo accionista de Colo Colo. Dicho de otra manera, haber provocado tanto aspaviento sólo redundó en que le recordaran a la máxima autoridad que todavía tiene un potencial conflicto de intereses.

Con las críticas al programa de Camiroaga pasó algo similar. De un sketch humorístico quizás poco feliz pasamos a un delicado análisis de los equilibrios que debe tener TVN como estación pública y los supuestos cambios en la línea editorial que estaría teniendo el canal de todos. Le pidieron explicaciones al directorio y como respuesta la Concertación le recordó al Gobierno que aún falta por ratificar en el Senado a uno de sus integrantes, cuestión que no ocurrirá hasta que Piñera no venda Chilevisión. Es decir, de una parodia nos pasamos de vuelta a los conflictos de intereses. En ambos casos las respuestas de la oposición eran previsibles. Vieron las oportunidades de gol y las aprovecharon. El  problema es que los pases se los dio la propia Alianza.

Como los cuidados del sacristán terminan matando al señor cura, aquí los que salieron a defender al Presidente le hicieron un flaco favor. Coincidiremos en que al Mandatario hay que cuidarlo. Pero reconozcamos también que la manera comunicacional de hacerlo no está rindiendo frutos.

Sebastián Piñera ha sobrevivido a grandes peleas. Le hizo frente a figuras tan poderosas como Ricardo Claro o el almirante Arancibia. Sin embargo la popularidad de ambos no se iguala al arras­tre nacional de personajes como Bielsa o Kramer. Inofensivos políticamente, son en cambio poderosos cuando de respaldo popular se trata. Quedar mal parados antes ellos no tenía ningún sentido.

En un país donde el fútbol y el humor interesan mucho más que la política, trabarse en diferencias públicas con dos de los más queridos representantes de esos ámbitos no parece una buena estrategia. De hecho suena a un completo despropósito abrir flancos de debate donde tus posibilidades de perder son evidentes. Creer que se defiende al Presidente cuando se critica a un programa de divertimento o la mano mal dada de un entrenador de fútbol es no haber entendido que a veces es mejor callar que hablar. O era preferible restarle importancia en lugar de convertir el fiasco en un tema de agenda política. La culpa no es de Piñera sino de sus escuderos. Ni al propio Piñera pareció importarle tanto que Bielsa no quisiera saludarle y hasta la misma mujer del Presidente dijo que su marido se rió con la imitación que le hicieron. La más sensata terminó siendo la propia Cecilia Morel. Lo malo es que en país aún machista como el nuestro no se ve bien que sea la esposa la que tenga que salir a defender al Mandatario.

Si en el Gobierno de Aylwin hubo asesores como Eugenio Tironi que decían que “la mejor política comunicacional es no tenerla”, en el caso de Piñera lo que se recomienda urgentemente es que tenga una. Y como la política es sin llorar, a lo mejor en cuestiones tan menores como esta lo mejor sería hacer lo contrario: reírse.

Columna escrita para diario Publimetro

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