40 y tantos

Despejemos lo obvio. Un 45% de aprobación según la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), no es malo, pero es harto más bajo de lo que cualquier Presidente de la Repú­blica quisiera. Vamos al fondo del asunto.

Hay por lo menos cuatro razones del porqué obtuvo menos apoyo ciudadano que el de las urnas. La primera es lo que podríamos denominar errores no forzados. Esos que se cometieron por voluntad propia, exceso de entusiasmo, mirada demasiado grave de un tema que no lo era, falta de experiencia o tontera pura. Ejemplos hay y varios.  .-Hacer del desaire de Bielsa o la imitación de Kramer un escándalo nacional se volvió un despropósito. -La insistente majadería de culpar por casi cualquier cosa al Gobierno anterior termina por cansar más temprano que tarde. .-La descuidada manera de despedir a cientos de funcionarios públicos trajo más desprestigio que fama de la buena. .-La demora en vender Chilevisión y la negativa de desprenderse de las acciones de Colo Colo, temas que le están jugando reiteradas malas pasadas a Piñera, cansaron a varios en los primeros metros de esta carrera. Todas eran cuestiones previsibles y evitables. Ninguna suma apoyo, eso está claro.

La segunda causa de un apoyo del 45 por ciento y no más se debe al terremoto. Ahondar en un hecho obvio nos haría gastar tinta innecesariamente, pero es bien claro que los requerimientos de una ayuda que nunca es suficiente, la sensación de desamparo, el frío, los edificios colapsados sin demoler como postal de un doloroso recuerdo y la idea general de que estamos preocupados de otras cosas juegan en contra y no a favor.

La tercera causa de una opaca popularidad se le puede atribuir al alza de tarifas en el Transantiago. El actual gobierno no ha cumplido cinco meses y ya ha subido el valor de los pasajes en varias oportunidades. Sólo este año el incremento ha sido de 100 pesos. Por más esmero que le ponga el ministro de Transportes en explicar que no le quedaba otra, muchos no hilan tan fino y piensan que el gobierno anterior no les hizo nunca lo que este sí. Es precisamente en la Región Metropolitana donde más cae la popularidad del Presidente.

La ultima de las razones es quizás la más de fondo: la incapacidad de retomar el control de la agenda. En estos meses el Gobierno ha tenido sólo una vez las miradas sobre sí mismo y fue cuando anunció un ambicioso plan de reconstrucción. Sólo una en cuatro me­ses y medio. El resto del tiempo la agenda se la han impuesto otros. Dos ejemplos: una mala negociación con los adversarios hizo que la Concertación le rechazara el proyecto de royalty y manejara la agenda por semanas. Otro, aunque no reflejado en el actual sondeo, lo puso arriba de la mesa la Iglesia Católica cuando pauteó al gobierno con su propuesta de indulto.

Visto así, se comprende ese 45 por ciento. No es malo pero podría ser mejor. Nadie dijo que era fácil. Sin irse demasiado atrás, la ex Presidenta Michelle Bachelet tuvo lo suyo en sus primeros meses de gobierno. Cambió parte de un gabinete que no funcionaba y enfrentó la inesperada revuelta educacional de los pingüinos. Tenía casi el mismo nivel apoyo el 2006 que lo que tiene Piñera ahora.

Los que minimizan el efecto dicen que no importa tanto con cuánta popularidad se parte sino con cuánta se termina. El problema es que tres años y medio suena a mucho tiempo para mejorar, pero muy poco para cumplir tanta meta ambiciosa. Hay errores que subsanar y problemas a los que hacerle frente de manera distinta. Eso si se quiere llegar y, además, llegar bien.

Columna escrita para diario Publimetro

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