Volver a Nacer

Mientras este miércoles 13 de octubre Chile y el mundo tienen puesta la atención en el rescate de los mineros que uno a uno han ido saliendo del pique San José, en Uruguay están siguiendo el salvataje pero recor­dan­do a su vez un drama que en su momento los golpeó a ellos y también a nosotros.

Hace exactamente 38 años, un día como hoy, el mundo se enteraba de un acontecimiento que nos dejaba helados. El vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, con 40 personas, en su mayoría jóvenes, y cinco tripulantes a bordo desaparecía de los radares. En la nave viajaba el equipo de rugby Old Christians, formado por ex alumnos del colegio uruguayo Stella Maris. La única certeza que se tenía es que el aparato se había estrellado en algún lugar de la Cordillera de los Andes en ruta hacia Santiago de Chile.

Se sabía que en ese momento se desarrollaba un frente de inestabilidad en todo el sector cordillerano central. El navegante del avión, un Fairchild Hiller 227 cometió un fatal error al notificar a los controladores aéreos de Santiago que se encontraban sobre el Paso del Planchón, en Curicó, cuando en realidad estaban a más de 100 kilómetros al norte, cerca de San Fernando. Por lo mismo cuando los buscaron, nunca los encontraron.

Ese mismo 13 de octubre de 1972 los sobrevivientes comenzaron a vivir un calvario que se extendió por 72 días. Hasta que aparecieron. Varios de los jóvenes estaban vivos. Era el desenlace de una historia que hasta el más escéptico calificó de milagro. Una leyenda de impacto no muy distinto al hito humanitario de los 33 mineros atrapados en Copiapó. Justo hoy, 38 años después del inicio de ese drama en la Cordillera, allá en el norte los mineros están poniéndole término al suyo.

La imagen de la cápsula Fénix 2 llegando anoche al refugio y al rescatista Manuel González abrazando a los mineros será indeleble. Lo mismo ocurrirá con el emocio­nado pero estoico Florencio Ávalos, el primer minero en respirar anoche aire puro después de casi 10 semanas de encierro obligado. Fue la primera cara de las 33 que representan esta épica nacional. A él siguieron otros y con sus salidas pusimos pausa a la indignación por la negligencia que originó esta crisis y dimos paso a la emoción de todo el mundo.

Tendremos tiempo –y vaya que nos encargaremos de recordarlo en las próximas semanas- de analizar quiénes y por qué tienen responsabilidad en el derrumbe. Qué cosas se hicieron mal, cuáles se dejaron de hacer y dónde estuvieron las negligencias que facilitaron que el 5 de agosto el destino jugara esa mala pasada que los dejó enterrados.

Tampoco es hoy el día para calcular cuánto capital político acumula gracias a su capacidad ejecutiva el ministro de Minería, Laurence Golborne, o si el Gobierno del Presidente Piñera suma bonos extra por eficiencia y capacidad de reacción.

No es ahora el momento de hacer estimaciones sobre cuánto de esa eficiencia perjudica a la Concertación y menos comparar, porque realmente no hay con qué hacerlo, si un gobierno anterior lo hubiese hecho mejor o peor.

Podremos sacar cálculos sobre cuánto se ha gastado en el rescate y quién va a pagar por ello. Lo haremos, pero no hoy. Guardaremos eso para otro momento. Hoy inun­­da el sentimiento de satisfacción y no el de conjeturas, justicia o revancha.

Pocas veces en nuestra historia Chile es uno solo. Son muy escasos los momentos que dan alegría, como cuando la “Roja” anota goles en un “Mundial”, o cuando el país se siente orgulloso de haber cruzado una vez más la meta de la Teletón. Pero no todos vibran con el fútbol y algunos, los menos, no empatizan particularmente con el drama de los discapacitados.

Realmente Chile es uno solo cuando de dolor y desdicha se trata. La naturaleza nos espera siempre a la vuelta de la esquina con volcanes en erupción, aluviones, avalanchas de nieve, imparables tormentas, terremotos o tsunamis. En momentos como esos invariablemente ese Chile unido igual se parte en dos: unos para llorar por la pérdida y otros para ayudar al que perdió. Aunque no se quiera, igual quedamos a uno u otro lado de la historia. Nunca en el mismo lugar. Ahora vivimos la excepción.

Probablemente el infortunio de 33 mineros atrapados no haya sensibilizado a todos ese 5 de agosto, pero no cabe duda alguna de que Chile entero, hasta el más inconmovible de los compatriotas, se levantó esta mañana respirando alegría y tranquilidad al saber que fueron rescatados con vida.

Se los dijeron por citófono en la boca de la mina dos de los rugbistas de la cordillera que fueron a darles ánimo: “Ustedes sobrevivirán al igual que pudimos hacerlo nosotros”. Y así fue. Después de 69 días atrapados por muros de rocas que se vinieron abajo por negligencia de algunos, hoy los mineros vuelven a ver la luz.

Nadie que mire sus caras de alivio, de haber vuelto a la vida y de renacer, puede sentirse al margen. Así lo sentimos nosotros y, créanme, también los uruguayos. Ellos bien saben lo que estamos viviendo.

Columna escrita para Publimetro

 

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