Vía Libre

Pocas veces en la historia democrática chilena hemos visto a un Presidente con tanto poder como el actual. Sebastián Piñera disfruta de grados de libertad que lo tienen conduciendo el país por una carretera donde no necesita tocar la bocina, señalizar y pareciera que tampoco frenar.

Aunque la afirmación puede parecer exagerada, basta mirar un poco el actual escenario político y social para comprender que el Mandatario no cuenta con ningún tipo de oposición que le haga contrapeso.

Por lo pronto la Concertación está hoy en un proceso de rearme –por no decir agónica antes de su necesaria resurrección- que por ahora la tiene más preocupada de reposicionarse que de construir un sólido bloque opositor. No hay por el momento propuestas de país ni proyectos programáticos que aglutinen en torno de sí el interés colectivo que hasta hace poco le granjeó el irrestricto respaldo de su electorado. En resumen, está buscando su nueva mística. No opera, como en cambio sí lo hizo en su momento la Alianza por Chile, como un conglomerado que se organiza para hacer sentir su opinión al Gobierno contrario.

Si en lo político Piñera tiene por ahora la vía libre, en lo social la cosa no es muy distinta. La Central Unitaria de Trabajadores (CUT), por ejemplo, no tuvo protagonismo alguno en la crisis de los mineros. Fue un accidente laboral de magnitud pocas veces vista y potencialmente mortal. Pese a ello la multisindical fue la gran ausente. No sacó la voz para reclamar por las condiciones laborales de los mineros y si lo hizo nunca nadie supo. No organizó movilizaciones para exigir más y mejor fiscalización y su líder no enfrentó nunca a empresarios o autoridades para que se comprometieran a que algo así nunca más vuelva a ocurrir. No vimos nada de eso.

El movimiento sindical chileno realmente no existe. Por episodios considerablemente menores países enteros se han paralizado frente a marchas organizadas por los líderes de sus trabajadores. En Chile, en cambio, la CUT tiene poca representatividad, escasa convocatoria e inexistencia de poder real. Se trata, en definitiva, de un movimiento que nunca pudo rearticularse después de haber sido decapitado –imposible más literal- durante el gobierno militar. Además y sin la cercanía política que un movimiento tradicionalmente de izquierda le permitía tener con los gobiernos concertacionistas, su figuración es hoy casi nula. Digamos, para ser justos, que la legislación actual no favorece la sindicalización y que las empresas en muchos casos han inventado fórmulas “creativas” que dificultan la organización de los trabajadores.

Así como los partidos de la Concertación y los sindicatos no son un obstáculo para Piñera, el mundo empresarial tampoco le genera ruido ambiente. Tres decisiones de Gobierno que pudieron haber incendiado la pradera en años anteriores, hoy se toman sin que los líderes del mundo privado salgan a reclamar a viva voz. El Ejecutivo impulsó un proyecto de ley que incrementó transitoriamente los tributos para financiar parte del plan de reconstrucción tras el terremoto. Es sabido que los empresarios son altamente resistentes al pago de más impuestos. Pero no hubo reclamo.

A poco andar, el Gobierno envió al Congreso otra iniciativa que modificó un acuerdo previo sobre el pago de impuestos específicos a la minería, el famoso royalty. Se suponía que la ley anterior garantizaba invariabilidad tributaria pero, aún así, se volvió a modificar. No les gustó pero tampoco se quejaron.

Para completar la trilogía de decisiones que incomodaron al empresariado, el Presidente decidió unilateralmente cancelar la instalación de una central termoeléctrica en Punta de Choros. Lo hizo a pesar de que la transnacional que pretendía construirla contaba con todos los permisos aprobados y al día. A pesar de determinaciones que irritaron al mundo empresarial, sus máximos representantes guardaron silencio y sus reclamos fueron breves y más bien escuetos.

La coyuntura no sólo es única. También dista mucho del negro escenario que algunos anticiparon para Piñera cuando ganó la elección: que como Presidente de derecha tendría a los trabajadores en contra; que la Concertación sería una lapidaria opositora y que el Mandatario gobernaría favoreciendo a sus amigos empresarios. Ninguno de esos pronósticos se cumplió.

El Presidente Piñera no tiene contrapesos. Para cualquier gobernante es una coyuntura única a la que hay que sacarle provecho. Pero a su vez, lo que puede ser una oportunidad, también puede ser su condena.

Las facilidades que da manejar por una vía libre y sin obstáculos tienta a cualquiera a pisar el acelerador más de la cuenta. Mientras más rápido se maneja, más difícil es controlar la conducción. Una mala maniobra o algo que se cruce en el camino puede ser fatal. Velocidad prudente y cinturón de seguridad son siempre recomendables en la carretera de la política. Nunca se sabe lo que puede aparecer en el camino.

Columna escrita para diario Publimetro

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s