Canción para mi Muerte

Su llanto es el de una viuda. Pero es más que eso. Es un llanto por el temprano abandono de un compañero político. Es la partida de un puntal, de un asesor. En cierta medida esas lágrimas reflejan tam­bién la angustia de una mujer de fortaleza abun­dante que ahora conoce un poco más de cerca la debilidad.

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, vive con su luto las horas más difíciles de su vida. Pero la repentina muerte de su marido, el ex presidente Néstor Kirchner, le auguran también días aún más complejos por vivir.

Nadie duda de que era el binomio perfecto. Siempre gobernaron de a dos. Lo hicieron cuando el mandatario estuvo en la Casa Rosada entre el 2003 y el 2007. Cristina fue el poder tanto en las sombras como a pleno sol y, con su turno luego al heredar la Presidencia, Néstor no se apartó ni un solo centímetro de la Casa Rosada. Tampoco lo hizo del ecléctico Partido Justicialista, cuyas facciones internas son tantas como personajes de ambición tiene entre sus filas. Néstor era, en buena medida, el contenedor –sino el dictador- de un partido caníbal.

Mantener a raya la antropofagia dentro de la tienda de Perón fue una de sus tantas tareas para mantenerle despejado el camino a su mujer. Pero no la única. Además de líder del peronismo fue en la práctica su vicepresidente, su ministro de Economía, su negociador y verdugo con la oposición –según fuera el caso- y su mánager. A Cristina no le faltan capacidades, pero vaya que Néstor le facilitó la vida con el Congreso, la Corte Suprema, los gobernadores, alcaldes y con los periodistas.

Llegó para la presidenta argentina la hora de la verdad. La suya y de nadie más. Confrontada a un destino inesperado, le aguarda el último y más difícil año de su gobierno. Tiene por lo pronto al peronismo navegando sin rumbo. Su capitán ya no está a bordo de un barco que surca aguas de confusión. Una nave donde muchos marineros aspiran a tomar el timón y están dispuestos a casi todo por conseguirlo. Una de las maniobras que más rápido tendrá que realizar Cristina será esa, la de contener el mando de un partido que, si se desboca todavía más, puede hundirla en lugar de ayudarla a mantenerse a flote.

La segunda misión que le espera una vez que seque sus lágrimas será la de buscar aliados. Los tiene y en los funerales de su marido todos lloraron con ella. Pero el respaldo de las Abuelas y las Madres de la Plaza de Mayo, de algunos líderes sindicales, de los artistas y de Maradona no le alcanzan para completar su gobierno de manera exitosa.

La ausencia de Eduardo Duhalde, predecesor y principal impulsor de Néstor Kirchner a la presidencia en 2003, y de Julio Cobos, actual vicepresidente, evidencian que los enemigos lo son incluso a la hora de tu muerte. Si no se conduelen con el luto, mejor no aventurar qué podrían hacer cuando la mandataria se recobre de la tristeza. Los argentinos saben que la tregua en política es siempre más corta que el entretiempo en el fútbol. Y esos 15 minutos ya están corriendo.

Para la Señora “K” comienza ahora una nueva vida. Es muy probable que la empatía que un dolor como el suyo genera en la población la haga subir en las encuestas. Un cálculo políticamente incorrecto por estas horas, es cierto, pero necesario. Néstor Kirchner pretendía ser candidato presidencial en las elecciones de octubre del próximo año. Aunque las encuestas no le aseguraban un triunfo, era por lejos el candidato mejor posicionado de entre las filas peronistas.

Su partida dejó otro vacío por llenar. La propia mandataria podría repostularse. Hasta ayer no estaba entre sus planes. Hoy lo tiene que repensar. Si decide lanzar una nueva candidatura le espera por delante la noche de los cuchillos largos. Al contrario, si resuelve no figurar nuevamente en la papeleta electoral, tendrá que elegir con pinzas al candidato al que le brinde su respaldo. Es una tradición entre los peronistas que haya más de algún interesado en llegar a ponerse la banda.

Néstor se fue dejando un vacío entre los suyos. Era el último gran peronista. Era también el líder de su propio movimiento, el Kirchnerismo, que ni siquiera Cristina puede llenar. Deja acéfala la presidencia de la Unasur, ese movimiento creado y articulado por Hugo Chávez. Con su muerte se esfuma además el liderazgo de Argentina entre la nueva izquierda latinoamericana.

Muchos vacíos por llenar y poco tiempo para hacerlo. La Presidenta Fernández tiene el pañuelo en una mano pero el cronómetro en la otra. Veremos qué tan largo será su llanto.

Columna escrita para Publimetro

 

 

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