¿Por qué se duda de Piñera?

Es una pregunta que partidarios y opositores al Presidente de la República se vienen haciendo por estos días. Unos defendiendo al Mandatario. Los otros, acusándolo. El ingrato proceso eleccionario en la ANFP, donde todo se hizo mal de principio a fin, salpicó al Jefe de Estado con acusaciones avaladas por tres figuras de distinto renombre que lo vinculan a un eventual intervencionismo para levantar una lista contraria a la de Harold Mayne-Nicholls.

Con matices en sus énfasis, el abogado Hermógenes Pérez de Arce, el periodista de Chilevisión Felipe Bianchi y la senadora DC Soledad Alvear dijeron haber recibido testimonios según los cuales hubo gestiones desde el Gobierno para que Jorge Segovia compitiera contra el mandamás de la ANFP.

Si Piñera inicia acciones legales, tendrá que sortear varios obstáculos en el camino. Bianchi puede ampararse en la ley de prensa, que garantiza protección de las fuentes y, por lo mismo, no se ve obligado en ningún caso a divulgar quién o quiénes le entregaron la información. Forzar a la senadora Alvear a revelar el nombre de la persona que le proporcionó los datos exigiría primero iniciar un juicio para desaforarla. Incluso si busca algún alambicado subterfugio, Hermógenes podría esgrimir secreto profesional en su calidad de abogado y no contar quién le dijo lo que supuestamente le dijo.

A nivel parlamentario, la comisión investigadora que se pretende crear está naciendo mal parida. Los legisladores ya no sólo quieren saber si hubo o no intervención electoral sino que indagar también si representa o no un eventual conflicto de intereses que el Presidente mantenga acciones en Blanco y Negro, sociedad controladora de Colo Colo. Ese tema lo debe analizar la Contraloría –de hecho lo está haciendo- y no el Congreso.

Como vemos, se hace bien difícil llegar a una posibilidad real de conseguir la verdad.
Como ya ha ocurrido con otras denuncias que quedan flotando en el aire, en esta habrá que confiar en la palabra de uno u otro. Es aquí donde se debe recordar siempre que en Chile se presume inocencia hasta que no se pruebe lo contrario. Ninguno de los acusadores ha presentado hasta el día de hoy alguna prueba. Sólo palabras.

Volvemos entonces a la pregunta que da título a esta columna: ¿Por qué se duda del Presidente Piñera? Se duda porque, aún cuando se presume inocente, tiene un historial de llamados telefónicos o donde una intervención suya lo ha dejado en entredicho. En ningún caso eso prueba culpabilidad en el episodio ANFP, pero tampoco lo ayuda.

Chile entero conoció en los años ‘90 del telefonazo que Piñera le dio a un amigo suyo para que este a su vez le dijera a un periodista que apretara a Evelyn Matthei en un programa de TV. En aquella época ambos rivalizaban por una candidatura presidencial dentro de Renovación Nacional. Aunque el acto ilegal lo cometió quien grabó esa llamada y no él, quedó al descubierto su intento por pautear a un periodista y perjudicar a una camarada de partido.

Hace tres años fue multado por la Superintendencia de Valores por no abstenerse de utilizar información privilegiada cuando compró acciones de LAN horas después de conocer los positivos resultados operacionales de la empresa. Esa información no la tenía el resto del mercado y era evidente que haría subir el valor de los papeles. Aunque el entonces candidato argumentó que las transacciones se hacían automáticamente siguiendo un modelo, se sabe que hubo una llamada a la corredora de bolsa que efectuó la compra. El mismo Piñera dijo el año pasado en un debate presidencial que el modelo no habla solo y que obviamente tuvo que haber conversación telefónica.

Otro proceso donde intervino vía teléfono tuvo lugar este año, cuando llamó a los ejecutivos de Suez Energy para pedirles que trasladaran a otra zona sus proyectos de construir una central termoeléctrica en Barrancones. El gesto, claro, salvó a Punta de Choros, pero pasó por encima de toda la institucionalidad medioambiental a pesar de que la empresa tenía todos los permisos aprobados.

Visto así, se puede comprender la duda razonable que algunos tienen sobre su eventual intervención en las elecciones de la ANFP. Es probable que sea inocente. Es probable también que los acusadores no entreguen ni una sola prueba de lo que han dicho. Pero el “Dicom” que tiene Piñera cuando de llamados telefónicos se trata, convierte en un difícil menester garantizar su inocencia. Quitarle el teléfono parece, por ahora, lo más conveniente.

Columna escrita para Publimetro

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