Máxima Velocidad

Cuando de accidentes de tránsito de trata, existe sólo un lugar donde se necesita que se aumente la velocidad y es, paradójicamente, donde más pisan el freno: el Congreso. El proyecto de ley 4164-07, que exige el uso de cinturón en buses interprovinciales e interurbanos se encuentra durmiendo en el Congreso hace cuatro años.

¿Pudo una ley como ésta haber salvado vidas en el accidente de la Autopista del Sol? Quizás no todas, pero es probable que varias. Muchas más habrían sobrevivido en la tragedia carretera del Colegio Cumbres si todas las alumnas hubiesen llevado puesto el cinturón. Una dolorosa realidad que da paso a la indignación cuando se sabe que la ley pudo haber estado en vigencia al momento de ese accidente.

Apurando el tranco, el ministerio de Transportes no dejó pasar más tiempo y anunció que pondrá suma urgencia a la iniciativa. Hasta ahora, si bien es obligatorio que los buses con una antigüedad mayor a 2007 tengan cinturón de seguridad, no era una exigencia su uso. Un absurdo. Con la nueva ley, si no lo hacen, los usuarios se arriesgarían a multas de 50 mil pesos.

Pero hay muchas otras cosas por corregir. ¿Quién obligará a los pasajeros a usarlo? ¿El auxiliar? ¿El propio chofer? ¿Cómo se puede fiscalizar? Es un asunto difícil.

Hay otros problemas, como familias que llevan niños en brazos y no pagan el pasaje ya que no ocupan asiento. La ley tampoco prohíbe que las personas que viajen con niños pequeños ocupen los primeros asientos de un bus. Ahí nos queda algo que resolver.

También se buscará que existan listas de pasajeros en todos los servicios y no sólo en los que viajan más de 5 horas ó 200 kilómetros. Las listas no sólo son útiles en casos tan dramáticos como el del martes, sino que sirve para identificar más fácilmente a personas frente al contagio de alguna enfermedad. El problema es que los buses interurbanos e interprovinciales recogen pasajeros en el camino. Algunos suben. Otros bajan. ¿Será posible confiar en que sean actualizadas instantáneamente?

Además de una respuesta a esa pregunta, hay otras incertidumbres que deben ser resueltas. Es necesario que la distancia entre los asientos sea normada. En casos de accidentes, esta es fundamental para el rescate de los pasajeros. También es necesario que el gabinete para equipaje de mano tenga una puerta lo suficientemente resistente para que los artículos guardados no salgan impulsados en caso de choque o volcamiento. Se podrían incrementar las sanciones al empresario dueño de la flota accidentada en caso de comprobarse responsabilidad de la empresa en el accidente. Y no sería mala idea someter a los conductores a chequeos obligatorios permanentes.

Esperemos que ideas como éstas también sean debatidas.

El tema ha vuelto a ser sensible y, por lo mismo, se anunció la reposición del proyecto de licencias por puntaje, una iniciativa que descuenta puntos a los conductores que atenten a la seguridad de tránsito. El carné tendrá 12 puntos y el mayor descuento -10 puntos- será por manejo en estado de ebriedad, influencia del alcohol o consumo de drogas. Además, si se excede la velocidad en más de 20 km a la máxima permitida en un tramo de 60 km por hora o menos, el conductor perderá seis puntos y arriesga la suspensión de la licencia de 5 a 45 días. En caso de un tramo de más de 60 km por hora, la sanción llega cuando el exceso de velocidad supera los 30 km.

En países como España, donde se aplica este sistema, están comenzando a verse resultados. En Chile podría ser tremendamente útil, porque cinco personas mueren diariamente en nuestras carreteras. De ellos, un porcentaje importante son jóvenes. El 23% de las defunciones por accidentes de tránsito con conductores intoxicados afectan a personas de entre 15 y 24 años. Los choques en calles y carreteras son hoy la principal causa de muerte entre los 10 a 24 años. El alcohol está presente en el 35% de todas las muertes de conductores menores de 20 años.

Vista esas estadísticas, que los colegios eduquen a futuros conductores y pasajeros, no parece una idea tan descabellada. Para reducir el número de víctimas, se requieren políticas claras, fiscalización implacable y campañas al hueso. Un trío que ha dado resultado en países que hoy tienen una baja mortalidad en carreteras. A nosotros nos faltan las tres. Pero por algo hay que empezar. Este es el momento para pisar el acelerador legislativo. Quién sabe si alguna de estas leyes le salva la vida a alguno de los parlamentarios que tan raudamente viajan a Valparaíso. Eso, claro, si respetan las leyes que ellos mismos aprueban.

Columna escrita para Publimetro

 

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