Lo prometido es deuda

Cuando asumió la Presidencia de Estados Unidos hace dos años, el entonces senador Barack Obama llegaba con un respaldo sin precedentes. No existía en la historia mundial otro gobernante que asumiera con tantas expectativas a nivel global. Y él lo sabía. Ese 20 de enero del 2009 pronunció un discurso que buscaba dejar huella. Lo consiguió. Pero no por lo épico sino porque a casi dos años, poco y nada de lo que dijo lo ha podido cumplir. Citando sólo uno de los párrafos de aquel discurso, Obama prometió derrotar al terrorismo, retirarse de Irak, lograr la paz en Afganistán, impulsar una mayor cooperación entre las naciones, trabajar por un planeta libre de armas nucleares y detener el calentamiento global. Salvo la de Irak y a medias, ninguna de esas promesas ha sido cumplida.

Su partido, el Demócrata, perdió las pasadas elecciones legislativas. Esta semana los republicanos, tomaron el control de la Cámara de Representantes. El desencanto de los estadounidenses ante las decisiones que está tomando el Gobierno le pasaron la cuenta. La gente lo quiere, sigue teniendo una popularidad superior al 55%, pero los mismos ciudadanos que lo apoyan sienten que ha perdido conexión con ellos.

Miran con decepción la falta de avances en cuestiones simples para ellos –aunque complejas para la autoridad- como recuperar la economía. A tres años de la última crisis financiera, la tasa de crecimiento es demasiado lenta para la recuperación que necesita un país dependiente del gasto. La confianza de los consumidores –uno de los motores del crecimiento- es baja y los créditos son menos de los que los bancos esperan otorgar. El desempleo sigue bordeando los dos dígitos.

Nadie niega que el rescate del Gobierno al sistema financiero después de su desplome salvó al sector de una nueva gran depresión. Pero lo que ayudó en su minuto hoy genera trabas fiscales que hacen más difícil utilizar las herramientas  tradicionales. Las tasas de interés casi rozan el 0% y la Reserva Federal se quiebra la cabeza inventando fórmulas que incentiven el crecimiento. Está más preocupada de evitar otra crisis que de fomentar el consumo.

Parte importante del déficit comercial y un factor significativo en el debilitamiento del dólar se debe a los casi mil millones de dólares que Estados Unidos gasta al día para importar petróleo. Al margen de que 8 de los 10 países que le venden a Estados Unidos son dictaduras que usan parte de esos recursos hostilizando a los propios compradores, ese petróleo es el responsable del calentamiento global. Por lo mismo, tampoco ha podido lograr un acuerdo mundial sobre el cambio climático. Si Estados Unidos sigue contaminando como lo hace, muchos otros no estarán dispuestos a ceder ni un solo centímetro. El petróleo fue objeto también de uno de sus mayores fracasos: el derrame en el Golfo de México, una crisis que Obama fue incapaz de controlar durante meses.

Su política exterior tampoco está rindiendo frutos. Lo que ocurre en el Medio Oriente es el mayor emblema de ese fracaso. No es exclusivo suyo, pero se metió a medias y no ha conseguido nada concreto que acerque las posiciones entre palestinos e israelíes. Mas al sur de Asia tiene otros temas sin resolver. Pakistán sigue haciendo crecer su arsenal atómico, lo mismo India, y Afganistán está diezmado por la guerra en busca de un Osama bin Laden que no aparece por ninguna parte. Con los dos primeros el diálogo es de sordos –sino de mudos- y con el tercero abundan promesas de reconstrucción que se han quedado más en palabras que en hechos concretos. Ni hablar de Irán, cuyo régimen aspira a convertirse en una potencia nuclear, lo que acrecienta el temor de tener un enemigo más y mejor armado. Hasta ahora no ha sabido entablar un diálogo inteligentes con ellos.

Estados Unidos está perdiendo influencia y ya no es referente en casi ningún tema. Latinoamérica es un buen ejemplo. Las naciones de este lado del mundo incrementaron su comercio con otros países. Esa diversificación le restó competitividad a las exportaciones norteamericanas. Otro punto en el que EEUU queda al debe.

Con un Congreso adverso, las posibilidades de fracaso son más que las de éxito. El Presidente prepara un sustancial cambio de gabinete. Caras nuevas podrían llevar ideas frescas. Habrá que ver. Obama recibió el Premio Nobel de la Paz pocos meses después de haber asumido. Está claro que se lo otorgaron no por sus logros sino por sus promesas. Llegó la hora de cumplirlas.

Columna escrita para Publimetro.

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