La promo

¿De qué mueren los jóvenes? Muy mayoritariamente mueren de madrugada. Pero no de cualquier día. Pierden la vida del jueves al viernes, del viernes al sábado y del sábado al domingo. Concentran sus partidas mayoritariamente esos días entre las 03:00 y las 06:30 horas de la madrugada. El factor común de estas tragedias es la fatal combinación después de varios combinados. Manejar curado y a exceso de velocidad. La culpa nunca la tienen los problemas mecánicos, tampoco no ser experto al volante. La culpa la tiene el que tomó alcohol y pisó el pedal.Vinos, piscolas, vodkas, cubas libres y cervezas están presentes en todos los festejos imaginables, desde bautizos hasta cumpleaños. Cualquier evento se acompaña mejor con un trago. O con varios. La alegría multiplica sus colores con unas copas. La pena se ahoga en alcohol. El olvido es más rápido si es “on the rocks”.

No importa si los efectos de la borrachera son peores que la razón por la que se decide tomar. Pero, sabemos, sí importa. Además del comprobado efecto de generar una depresión no selectiva en el sistema nervioso central, destilados y fermentados deterioran la función sicomotora, la percepción sensorial y modifica el comportamiento.

Nunca mienten las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud. El 23% de las defunciones por accidentes de tránsito con conductores intoxicados afectan a jóvenes de entre 15 y 24 años. Los choques en calles y carreteras son hoy la principal causa de muerte entre los 10 a 24 años. Sí, leyó bien: los 10 años. El alcohol está presente en el 35% de todas las muertes de conductores menores de 20 años. Cada año mueren casi 400 mil jóvenes de menos de 25 años como consecuencia de colisiones y varios millones más sufren heridas o quedan discapacitados.

La gran mayoría de las muertes y traumatismos se producen en los países de ingresos bajos y medianos. Le siguen países en vías de desarrollo. Adivinó: Chile es uno de ellos. A nivel mundial, América Latina tiene el porcentaje más alto del total de muertes atribuibles al consumo de alcohol, el 4,5% comparado al 1,3% de regiones desarrolladas. ¿Cómo lograron ellos reducir sus estadísticas? Con un cóctel de los buenos: políticas claras, fiscalización implacable, sistemas de transporte nocturno eficiente y campañas preventivas al hueso.

Vamos por parte. Las naciones que lograron disminuir la incidencia de muertos por consumo de alcohol cuentan con leyes que limitan la venta por zonas, horarios, edad y hasta cantidad. En Suecia, por ejemplo, el estado monopolizó la venta. Systembolaget (“la compañía del sistema”) es la única que puede vender alcohol de más de 3,5 grados.

El sistema está pensado para controlar el abuso. Además del horario limitado, los dependientes no le venden a los clientes si piensan que ya están bebidos, si no pueden verificar si tiene más de 20 años de edad o si sospechan que está comprando en nombre de terceros. En otros países europeos hace más de una década están prohibidas las famosas “promos” del 2×1 o packs de alcohol+bebida+hielo.

Además, los impuestos son altísimos. En naciones que redujeron considerablemente las estadísticas de muertes por esta causa incrementaron los recursos y el personal destinado a la fiscalización de botillerías, bares y supermercados. Se implementó un eficiente sistema de transporte público nocturno y de bajo costo. Estacionamientos abiertos las 24 horas, a precios razonables y con buenos sistemas de vigilancia desincentivan el uso del auto cuando se va a salir a beber.

También se han implementado campañas preventivas. Varias han golpeado duro y han sido objeto de fuertes debates éticos. Hoy nadie las cuestiona. Pero siguen impactando por su crudeza.

Conducir bajo los efectos del alcohol es un tema sensible de abordar. En público se condena pero en privado es aceptado socialmente. El que no maneja no siempre está dispuesto a evitar que el que bebió lo haga. El que toma y conduce lo hace pensando “por qué justo me va a pasar algo a mí”.

Aunque tiene incidencia mayor en jóvenes, este hecho cruza todo el espectro imaginable de protagonistas y va desde menores de 18 años hasta adultos cuya licencia no fue renovada. No escapan de la lista personajes públicos y en la que se cuentan, entre tantos otros, diputados, escritores, embajadores, y periodistas. Por cierto, me incluyo.

El actual Gobierno retomó una antigua propuesta para cambiar el sistema de sanciones a los conductores que infrinjan la ley al manejar bebidos. Pero, además de esa, no hay otra línea de acción en la que nos estemos moviendo para ir en la dirección de los países que disminuyeron la pesadilla de muertos por alcohol. Nueve de cada 10 accidentes pueden prevenirse. Seguro que algo más podemos hacer al respecto.

Columna escrita para Publimetro.

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