Chile, país obeso

Desde el origen de nuestra especie, el ser humano y la comida han estado indisolublemente atados.  Porque es vital alimentarse pero también por la forma en que lo hacemos y por las cosas que ingerimos, la historia de la humanidad está marcada por la comida. Desde Adán, que fue expulsado del Jardín del Edén por tomar un fruto que no correspondía, o el cuerpo de Cristo materializado en el pan, ni los relatos bíblicos se salvan del simbolismo y la importancia de lo que comemos.

Es uno de los actos más básicos e instintivos del hombre. Vinculamos la alimentación a la sobrevivencia pero también al placer.

Es cruelmente curioso pero en un mismo planeta, mientras miles de personas mueren diariamente por desnutrición, otros cientos de miles también fallecen o tienen serios problemas de salud por culpa de la obesidad. La Organización Mundial de la Salud, OMS, la definió como “la enfermedad epidémica no transmisible más grande del mundo”.
Es un problema que atraviesa todas las clases sociales y, aunque suene paradójico, mientras menos plata hay, más posibilidades se tiene de sufrirla.
No se engorda sólo porque se come en exceso. Muchas veces se come poco y mal. Alimentos baratos, repletos de grasas saturadas generan la sensación de saciedad. Es decir, literalmente llenan. Visto así, el problema lo tienen todos, ricos y pobres.
Chile ha tenido ex presidentes con exceso de peso, su animador más famoso sufrió por años problemas de obesidad, vimos a famosos deportistas que apenas dejaron la actividad se dispararon en sus kilos y, sin ir más lejos, nuestro propio ministro de Salud, el hombre que debe liderar las campañas para una alimentación sana y equilibrada, está obeso.
Somos el país con mayor cantidad de gordos en la región, tanto en hombres como en mujeres. Un estudio publicado por la OMS nos sitúa con un promedio del 21,90% de nuestra población con sobrepeso entre los mayores de 15 años.
El futuro inmediato no es muy alentador. El 50% de los menores de Santiago sufre obesidad. Son niños que pasan muchas horas frente al televisor o el computador, que no salen a jugar y que no caminan para ir al colegio.
La “gordura” no “es parte de la hermosura”. Pero además del bullying a los más excedidos de peso en el colegio, este problema hace rato dejó de ser una mera cuestión estética y pasó a ser un tema de vida o muerte. El sedentarismo deriva en un estrés cotidiano y colabora en generar mayor obesidad. Es un circulo vicioso que, más temprano que tarde provoca diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y problemas respiratorios, entre otras patologías.
En Chile, la industria alimenticia no es del todo sincera. Muchas veces hace pasar por sano un producto que en realidad de nutritivo tiene poco. Hasta los cereales están saturados de azúcar y sal –sí, sal-, lo que provoca retención de líquidos y, por lo mismo, gordura. Regular al sector no ha sido fácil pero se anuncia para dentro de poco un nuevo y obligatorio sistema de etiquetado para que la gente sepa qué es lo que está comiendo. De ahí a que decida no hacerlo, esa es harina de otro gordo costal.
Los cambios en lo hábitos alimenticios es algo que tarda en implementarse. Convencer a un niño que una manzana es mejor que un berlín puede ser misión tanto o más difícil que obligarlo a comer coliflor.
Pero por algo hay que empezar. Chile, país profesional en hacer diagnósticos –aunque amateur al momento de encontrar soluciones- anunció la realización de un Simce de la Salud para medir el índice de masa corporal de los escolares. Además, se implementará una encuesta para conocer los hábitos de consumo de tabaco y alcohol de los estudiantes. Se premiará a las escuelas que hayan progresado, con miras de aquí al 2020.
Del cigarro y el trago ya hemos hablado en otras columnas. Teníamos pendiente este otro tema. El Simce de salud no nos dirá nada que no sepamos. Pero si se aplica regularmente, servirá para monitorear la evolución que se espera. Para que eso ocurra, una de las primeras cosas que hay que hacer es reformular las bases de licitación para las raciones escolares que entrega la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas, Junaeb.
La alimentación que hoy reciben los niños es hipercalórica y no colabora con el objetivo de reducir la obesidad. Podemos entender que aún exista entre algunos la creencia popular de que “niño gordo es niño sano”, pero que el organismo estatal encargado de brindarle alimentos los esté engordando, resulta inaceptable.
Cambiar el menú de la Junaeb será más simple que modificar las costumbres alimenticias en hogares.
Porque guatita llena no es corazón contento sino más bien infartado, mejor empezar ahora.

Columna escrita para Publimetro.

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