Ganar mintiendo

En nombre de la verdad se han dicho grandes mentiras. En defensa de la justicia se han cometido tremendos atropellos. Por proteger a desamparados se han dejado olvidados a su propia suerte a muchos otros desfavorecidos. La historia chilena y mundial de ayer y hoy tiene tantos y tan claros ejemplos de lo anterior, que no nos hacía falta uno más. Pero aquí estamos, enfrentando otra vez una realidad que tiene divididos a quienes consideran que no importa el cómo sino el qué se hizo y, en la vereda contraria, a quienes disienten porque consideran que no todas las armas son legítimas para conseguir una buena causa.
La historia actual va más o menos así: el senador Alejandro Navarro acusó a la intendenta de la Región del Biobío, Jacqueline van Rysselberghe de haberle mentido al Gobierno (de su propio sector) para beneficiar a habitantes de la población “Aurora de Chile” para que obtuvieran subsidios destinados a la reconstrucción, a pesar que el 60% de las viviendas no presentaban certificados de inhabitabilidad. Es decir, engañó al Ejecutivo para conseguir los recursos que harían posible la construcción de 348 casas, diciendo que las anteriores viviendas habían quedado muy dañadas el 27 de febrero pasado. Para argumentar su acusación, Navarro dio a conocer unos audios de la asamblea donde Van Rysselberghe informaba del hecho a los pobladores.

Van Rysselberghe intentó matizar la denuncia durante una entrevista en Radio ADN diciendo que “lo que hicimos fue inventar un proyecto que permitiera, con las reglas legales vigentes, poder entregarles una solución”. Sin embargo, la siempre hábil periodista Beatriz Sánchez no dejó pasar la pregunta que termina por revelar la inconsistencia del argumento: “¿Las autoridades centrales, el subsecretario de Vivienda (Andrés Iacobelli) y la ministra de Vivienda (Magdalena Matte), sabían que esos pobladores no tenían certificado de inhabitabilidad?. La ex alcaldesa le responde a Sánchez diciendo “pero evidente. Cuando uno dice inventamos una historia, es creamos una historia”. Para terminar de apagar el fuego con bencina, agregó que no es la única excepción que se ha hecho en la región, porque -según dijo- hay sectores donde los damnificados, producto de situaciones puntuales y coyunturales, también se han ayudado de esta manera. Es decir, no sólo se mintió en este caso sino que quizás en cuantos otros.

La causa puede ser tremendamente noble, pero la fórmula para apoyarla no sólo vulnera la credibilidad del sistema, sino que la socava.

Pongámoslo de la siguiente manera: si el empleado de una compañía deliberadamente le miente a su jefe con el objetivo de redestinar recursos de la empresa a un área que le parecía, según su criterio personal y por lo mismo subjetivo, más relevante, no cabe duda de que ese funcionario pierde la pega. Más todavía si el empleado además falseó cifras y datos. Incluso si el resultado fue satisfactorio contable y operacionalmente y benefició a un grupo importante de personas, al gerente general igual no le queda más alternativa que rescindirle el contrato.

¿Qué garantías tiene ese jefe de que luego otros empleados no decidan aplicar la misma “creatividad” para bypasear un sistema que no le parece lo suficiente eficaz o eficiente? ¿Y si mañana algún ocurrente operador de Codelco decide saltarse las normas internas y hacer negocios según su propio criterio? ¿Por qué las autoridades no habrían de condenar el acto de la intendenta pero sí se cuestiona que, por ejemplo, un médico manipule el sistema otorgando una licencia falsa a una madre que no tiene con quién dejar a su hijo? ¿No hay acaso un bien superior en ambos casos?

Ante la evidencia empírica que revela el audio donde la intendenta relata su accionar, no quedan dudas de que lo que hizo no se ajustó a ninguna norma oficial. Dicho insistentemente por el Presidente Piñera, los proyectos y programas pasan por un exhaustivo control de evaluación técnica. ¿Aquí no hubo ninguno? ¿Por qué nadie detectó la irregularidad?.

Es legítimo plantear que quienes habitan esa población y no resultaron damnificados por el terremoto, de todas formas necesitaban ayuda urgente. Pero si es cierto eso, ¿por qué no la solicitó? Y si lo hizo, ¿tan convencida estaba de que el Gobierno no se la daría?. Si van Rysselberghe inventó esta “fórmula”, es porque tenía claro que no obtendría ayuda de otra manera. No al menos en el corto plazo. Ella parece olvidar que los dineros del Estado son limitados y, por lo mismo, existen normas y políticas que determinan a dónde y de qué manera deben ir primero, especialmente cuando esos recursos se volvieron insuficientes tras el terremoto y obligaron a redibujar parte del programa de gobierno de Piñera.

Jacqueline Van Rysselberghe es intendenta y bajo su cargo hay numerosas autoridades que dependen de ella. Hacer la vista gorda argumentando que aquí hubo un bien superior que cuidar, es abrir la puerta para que otros funcionarios de menor rango se motiven y sean capaces de hacerlo. Entre eso y el desgobierno hay menos de un paso.

Columna escrita para Publimetro.

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