Ahora es cuando

Nunca antes la centro-derecha había tenido mejor oportunidad para realizar cambios políticos y sociales como los que el actual Gobierno se ha propuesto. Son muchos, más de los que cualquier otra administración se haya planteado en tan corto plazo. El Presidente Sebastián Piñera ha hecho planes de largo aliento, con miras al 2018, pero las reformas estructurales más importantes que ha propuesto tienen como meta autoimpuesta diciembre del 2011. El osado proyecto de un postnatal de seis meses es un buen ejemplo de la ambición con la que el esta administración pretende manejar la agenda. 
Piñera se tiene fe. Si en los negocios era audaz, en política no quiere ser menos. Para este año se impuso mega-desafíos materializados en siete grandes reformas, que se agrupan en cambios democráticos, modernización del Estado, modificaciones en medio ambiente, nuevas políticas en educación y salud, una nueva institucionalidad sobre seguridad ciudadana y en lucha contra la pobreza. Es decir, el abanico completo de todo lo posible de modificar.

Encabezan la lista las reformas al actual sistema democrático. Nadie lo dice abiertamente en La Moneda, pero se entiende que sin un acuerdo entre todos los sectores sobre qué tipo de sistema queremos de ahora en adelante, poco se podrá avanzar en otras áreas. Dicho de otra manera, a nuestra democracia el binominal le está quedando chico. Curiosamente, lo que antes era defendido por la derecha como garantía de equilibrio –un sistema que potenciaba dos grandes bloques y evitaba la polarización- hoy parece acomodarle más a la oposición. Cuando se es minoría, un sistema proporcional no permitiría nunca que el que obtiene menos votos le gane al que sacó más. El problema es que al otro lado de la trinchera nadie dice abiertamente que hay que mantener el binominal. Sería contradecirse en una lucha histórica.

Transita por el mismo carril la propuesta de modernización del Estado. Aquí coinciden todos en que la influencia del Estado es un factor crítico en las metas que se puedan alcanzar y que, por lo mismo, cualquier cambio importante debe ser con una visión de largo plazo, mediante acuerdos con los representantes de las diferentes tendencias, más allá de la administración de un determinado Presidente.

Otra reforma que representan un desafío sin precedentes es salud. Su ministro, Jaime Mañalich, convocó a un grupo de expertos para reconocer los mayores problemas del sector, el que propuso las bases de una gran reforma al sistema que incluye un nuevo financiamiento de la salud y licencias médicas, entre otras. Como el tema es sensible y de interés masivo, se teme que la negociación se vuelva compleja cuando tenga que aterrizar en Valparaíso.

El presupuesto de Salud subió este año a 8.100 millones de dólares, uno de los más significativos, junto al de educación. Esta es otra área sensible. En este caso supera los 10 mil millones de dólares. Claro que en materia legislativa, la cosa pareciera estar bastante más avanzada. En cambio, donde se espera pelea es en materia laboral. Antes del 31 de marzo se enviará al Congreso el proyecto que reformula el sistema de seguridad en el trabajo, derivado de la promesa que Piñera hizo luego de la crisis de los mineros. Están en carpeta proyectos relacionados con el teletrabajo y la eliminación del polémico multi RUT, una práctica utilizada por las empresas para impedir la sindicalización, y una modificación al sistema de indemnizaciones por años de servicio. Ahí tiene una ardua faena la nueva ministra del Trabajo, Evelyn Matthei.

El otro a quien Piñera le encargó un cometido de marca mayor fue al titular de Mideplan, Felipe Kast. Tiene que implementar el nuevo Ministerio de De­­sarrollo Social, que luego deberá generar una reforma social que pretende tener un país sin pobreza. A todo lo anterior, el Gobierno tiene por delante otros cuatro desafíos: hacer frente a una eventual crisis energética, mejorar la ley indígena, disminuir la delincuencia y cumplir las promesas sobre la reconstrucción post-terremoto.

Considerando que en 2012 habrá elecciones municipales y en 2013 legislativas y presidencial, este debe ser el año para las reformas, porque a partir del próximo se polariza todo. Habrá que ver si la ambición no rompe el saco.

Columna escrita para Publimetro.

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