El debate que no queremos tener

Unos consideran que hay ciertas cosas que es mejor no saber. Otros, que siempre es mejor tener toda la información por más controvertida que esta sea.
En materia de energía nuclear, Chile es uno de esos países que no sabe nada. O muy poco. Y varios han planteado que es mejor que sigamos así. No piensa lo mismo el actual Gobierno, que a pesar de la crisis atómica declarada en Japón luego del terremoto y tsunami, decidió seguir adelante con la firma de un acuerdo de cooperación nuclear con EEUU. Incluso al interior de su propio Gobierno se instaló una discusión sobre la pertinencia de rubricar un convenio de esas características visto lo que ocurre con la central de Fukushima.

A Chile, la energía nuclear no le es ajena. Nuestro país cuenta con dos reactores experimentales y necesita mayor capacitación profesional para los pocos técnicos que tenemos en esta área. Y, como lo dijo el biministro Laurence Golborne, este Gobierno no avanzará en un programa nuclear, pero sí en conocimiento. Es decir, es mejor saber que no saber.

Los estudios que se requieren antes de pensar en la posibilidad de instalar una planta nuclear tardan casi siete años. La construcción de la misma toma eso y más tiempo incluso. Aunque Piñera quisiera, no podría construir una. Esa determinación la tendrá que tomar eventualmente el gobierno subsiguiente al actual. Pero Piñera no quiere hacerle a los futuros gobernantes lo que ya le hicieron a él Lagos y Bachelet, es decir, no iniciar los análisis para que otros puedan tomar informadamente la decisión de dar o no el paso.

La catástrofe japonesa es grave. Al día de hoy, nadie pensaría en construir una central nuclear. Pero las reales causas de las fallas en los reactores aún tienen que se investigadas. Hasta ahora lo único que se sabe es que el terremoto de 9,1 grados Richter fue cinco veces más potente que el peor sismo para el que la central fue construida y, pese a ello, no se vino al suelo. Además, todo indica que fue el tsunami el que gatilló los problemas, al arrasar con los generadores de emergencia que tenían por misión brindar electricidad a los sistemas de refrigeración de los reactores. Del resto, poco se sabe por ahora y habrá que esperar meses antes de que Tokio pueda explicarle al mundo por qué se llegó hasta este punto. Las variables pueden ser miles.

Homologar la realidad sísmica de Japón a la nuestra y con eso dar por concluido un debate que ni siquiera hemos comenzado, es demasiado amateur. Es muy probable que no sea la nuclear nuestra solución a los problemas de generación eléctrica, pero para eso, primero hay que saber el porqué con datos científicos y no por mera intuición o por experiencias que algunos ya califican de fallidas cuando ni el mismo gobierno nipón lo ha hecho (y dudo que lo haga).

Chile no tiene política energética. Peor aún, estamos viviendo la escasez por la ausencia de esa misma política. Estamos a la puerta de una tercera crisis en una década. Nadie quiere discutir sobre la materia con todas las alternativas arriba de la mesa porque resulta impopular. Pero no encarar el tema nos ha llevado a tener una errónea política energética.

Hasta la década de los 90 se apostó por el agua, con todas las dificultades del caso. Costó 10 años sacar la central Ralco. Cambiamos nuestra matriz por gas y Argentina nos cerró la llave de un día para otro. Luego volvimos a apostar por el carbón y ahora, además, le metimos diesel.

Estas últimas fórmulas han afectado profundamente nuestra huella de carbono. Los ecologistas, los mismos que se cierran a la energía nuclear, no quieren carbón, tampoco petróleo y ponen el acento en el daño al ecosistema que producen las centrales hídricas. Proponen energías renovables no convencionales como la solar y eólica que, como cualquier ciudadano bien informado sabe, son limpias pero inconstantes. No siempre hay sol y viento. Además, cuestan mucho más.

Ya estamos pagando la energía más cara de América, incluso superando a EEUU. Dependemos de recursos extranjeros como el petróleo y el carbón. Del primero no tenemos casi nada y del segundo, aunque hay, muchos se oponen a su explotación. Dicho sea de paso, se oponen aquí pero poco les importa lo que pase en el país del que lo importamos.

Probablemente el organismo de la ONU a cargo de visar la construcción de plantas atómicas no nos dé la autorización. Pero, para saberlo, primero tenemos que haber dado el paso de estudiar la alternativa. Frenar el debate sería darle un portazo a nuestra pobre realidad energética. Además, nada peor que tomar decisiones en una situación de conmoción.

Columna escrita para Publimetro

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