Errores que cuestan caro

Era verano. De noche. Hacía calor y no eran pocas las botellas vacías de cerveza que llenaban nuestra mesa. Fue hace años, pero bastó una frase de aquella discusión que sosteníamos entre tres para que esa conversación, una entre las tantas que habíamos mantenido casi como un ritual semanal, jamás se me olvidará. La aportó Iván Valenzuela, amigo al que siempre le he admirado su sabiduría. No sólo porque es bien informado, sino porque es de esos que siempre aporta con un comentario justo ahí, donde hay que tener una mirada de sentido común que muchas veces falta. Y esa noche la tuvo. Intentábamos analizar todas las variables posibles que enfrentaría otro amigo que nos había contado que estaba a punto de aceptar un nuevo trabajo. Era desafiante, de mayor responsabilidad y mejor ingreso. Pero era un trabajo que no conocía bien. Era, por lo mismo, un riesgo. Iván le dijo la frase lapidaria: “Mira, mientras más alto el cargo y mejor es el sueldo, más difícil es encontrar pega si la pierdes. Y eso que estás en el mundo privado, porque ni te cuento lo que debe ser en el servicio público”. Y ese fue el momento de la noche, con esta otra frase: “Ahí te pueden sacar aunque estés haciendo bien la pega. Y aunque algunos parecen intocables, la gran mayoría paga caro un error”.

Esa frase que me regaló Iván sale de mi subconsciente y se instala en mi análisis cada vez que un funcionario público comete una falta, equivoca el rumbo o cae en desgracia. Y esta semana fue una de esas veces. El testimonio de humildad que quiso dar con su renuncia y el reconocimiento del error político cometido que Magdalena Matte asume con su gesto de dejar el cargo de ministra de la Vivienda, la prestigian como una mujer tremendamente íntegra, pero en ningún caso la exculpan. Y la ubica como otra funcionaria más a la que le tocó pagar por su error.

Magdalena Matte deja el puesto en medio de una controversial investigación que tiene al ministerio de la Vivienda en medio de una de las tormentas administrativas más graves del actual Gobierno. Dicho en simple, esa cartera, a través del Serviu, firmó un acuerdo judicial con la constructora Kodama y se comprometió a pagarle $17 mil millones. Con la firma de ese acuerdo, el Serviu “frenó” una demanda de la empresa en la que exigía $ 41 mil millones por costos extras en la construcción de un corredor del Transantiago. En el fondo,  “bajó” de $41 mil a $17 mil millones. El problema es que, hasta ahora, todos los estudios al interior del ministerio indican que, como mucho, se debería compensar a Kodama con $7 mil millones. Otros incluso dicen que es mucho menos que eso. El problema es que tras el acuerdo judicial y la emisión de un decreto firmado por la propia ministra, no hay cómo frenar el pago. Kodama aún no ha pedido el cheque, pero puede hacerlo en cualquier momento y no hay alternativa legal para negarse a cancelarlo. ¿Por qué firmó la ministra el decreto? Porque el pago venía visado por varios jefes de departamento. funcionarios técnicos y abogados habían respaldado el acuerdo con Kodama. Hasta que el director de finanzas de Vivienda, Daniel Johnson, y el subsecretario de la cartera, Andrés Iacobelli, se percataron del error. Pero ya era demasiado tarde.

¿Está Matte pagando la culpa de otros? Sí, pero es lo que corresponde. Su error político fue no desconfiar del decreto que estaba firmando. Ahora la Contraloría y el Ministerio Público deberán determinar si hubo ánimo de defraudar al fisco con ese acuerdo. Y Matte deberá aclarar si su círculo más cercano y sus “hombres de confianza” se equivocaron de pura buena fe o derechamente la traicionaron. Entre ellos está su amigo y abogado por más de 20 años, Álvaro Baeza, quien participó en la negociación por encargo de la propia ministra.

El “error” del Serviu arrastró no sólo una buena cantidad de millones de las arcas públicas. Demostró otra vez los serios problemas del Gobierno cuando de gestión política se trata. No se puede permitir que un asesor a honorarios como Baeza, que no era funcionario del ministerio, tuviera tanto poder. Tampoco se entiende que La Moneda no tuviera habilidad para enfrentar comunicacionalmente el tema.

La UDI también queda en un mal pie porque pierde a una ministra en el gabinete a quien no supieron cuidar cuando, meses antes, se vio injustamente arrastrada en la controversia Van Rysselberghe. Matte se va dolida del Gobierno pero enojada con su partido. Pierde Pablo Longueira. Demás está decir por qué. Pierde la Concertación porque su capacidad fiscalizadora desde la oposición es nula. El tema lo denunció el senador Alejandro Navarro, que ya no pertenece a sus filas. Y, obvio, pierde la propia renunciada. Si se determina que hubo daño patrimonial para el fisco, deberá responder personalmente y reponer esos recursos faltantes. En palabras como la de esa noche de cervezas y consejos, “aunque algunos parecen intocables, la gran mayoría paga caro un error”. ¿Qué tan caro?, aún no lo sabemos. Esperemos el informe de la Contraloría.

Columna escrita para Publimetro

 

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