Ley de otro siglo

Déjeme contarle una historia. Es real y es nuestra. Hace siete años, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), un selecto club integrado por “los mejores” y al que Chile miraba a lo lejos pero con claros deseos de ingresar, elaboró un informe en el que destacaba las virtudes de la administración financiera de nuestro país. Todos sonrieron, hasta que leyeron el único pero marcado punto negro del documento. En él se hacía una fuerte crítica al régimen presupuestario militar chileno, que el organismo calificó como “altamente inapropiado”.
En la Concertación fruncieron el ceño y saltaron encima de la Alianza por Chile. La culparon por haberse negado sistemáticamente a modificar la famosa Ley reservada del cobre, que establece que el 10% de las ventas de Codelco sean destinadas a las Fuerzas Armadas.

Presentaron un proyecto que derogaba la ley en cuestión. Pero quedó ahí. No hubo piso político para cambiar una normativa que fue creada al finalizar el segundo gobierno de Carlos Ibáñez del Campo y que estipulaba un impuesto a las ventas del cobre que asegurara un mínimo de recursos para las Fuerzas Armadas. Años después, Augusto Pinochet le hizo un agregado y fijó un monto mínimo de 180 millones de dólares. Si no cumplía dicha cifra, el Fisco debía asumir la diferencia.

Si el ejercicio para financiar al mundo uniformado ya era intrincado, se granjeó el rechazo de la izquierda porque le daba una herramienta extra de poder a Pinochet, presidente de facto pero, por sobre todo, militar.

Como si fuera poco, ese carácter de “reservada” no era otra cosa que un marco legal de secretismo que facilitaba que el gasto militar no se sometiera a la discusión del Congreso, a diferencia del resto del Presupuesto de la Nación. Para colmo, esos fondos permiten tomar créditos y no entregar información sobre las deudas. Además, como los recursos provienen de la venta del cobre, una mayor o menor compra de armamento varía según el precio del metal rojo, lo que produce que el gasto militar sea irregular, con el consiguiente riesgo frente a hipótesis de conflictos.

Todo el sistema era para la Ocde demasiado raro, pero especialmente el punto que establecía montos mínimos de aporte calculados sobre las ventas en lugar de las utilidades, e independientemente del nivel que alcance el precio del cobre. Raro porque podía significar una fuerte presión sobre los excedentes de Codelco, una de las empresas líderes en el mercado del cobre.

Por lo mismo parecía bastante obvio que la ley debía ser modificada. No se pudo porque no se quiso. En la entonces oposición se usaron argumentos de distinto calibre para negarse: que no era el momento, que complicaba a las instituciones en su proceso modernizador, que dificultades bilaterales con otros países lo hacían inconveniente, etc.

En la Concertación se hicieron intentos pero siempre caminando sobre huevos, salvo el último proyecto enviado por la Presidenta Michelle Bachelet, que aparecía algo más osado pero que quedó durmiendo ante la ausencia de votos.

¿Por qué estamos recordando hoy esta historia? Simple. Porque lo que la Concertación no pudo conseguir, podría concretarse ahora. El actual gobierno evalúa derogar la ley y que el gasto esté ligado a la política del Ministerio de Defensa, por lo tanto, a la Ley de Presupuesto. Es decir, que deje de ser secreto. El cambio iría complementado con la creación de un Fondo de Contingencia, el cual permitiría suplementar los presupuestos aprobados cuando las circunstancias futuras así lo exijan, como situaciones de guerra o catástrofes. Así se evitaría que el presupuesto dependa de escenarios variables como el precio del cobre.

La propuesta de Piñera es muy similar a la de Bachelet, la misma que no tuvo el apoyo de la Alianza. Es decir, buena parte de la pega ya está hecha. Lo que no estaban eran los votos. Parece que ahora sí.

Hasta hoy tenemos un mecanismo que no es compartido por la mayoría, que el mundo desarrollado no comprende, que contiene anacrónicas leyes reservadas, que le agrega un peso extra a Codelco y que las propias Fuerzas Armadas están dispuestas a cambiar. Es decir, tenemos un modelo obsoleto. El mundo lo mira con sospecha. Es raro. Si Gobierno y Concertación coinciden por fin en que hay que cambiarlo, entonces tenemos mucho terreno ganado.

Columna escrita para Publimetro.

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