¿Qué puede estar pensando el Presidente?

“¡Pero cómo un 36 por ciento de apoyo! Esto está malo. ¿Eso nomás? No entiendo. Hinzpeter algo me había advertido, pero no pensé que sería tan poco. Llegando a Chile le voy a pedir a Adimark que revise los datos de su encuesta. ¿¿¿Qué??? ¿¿¿Y subí en la desaprobación hasta el 56%??? Ah, no. Ni en el peor de mis sueños me imaginaba tanto rechazo. Y yo que creí que con el fecundo crecimiento económico y la creación de nuevos empleos iba a capitalizar algo. Pero, ¿nada?. Si hasta en los pocos atributos en que había subido, ahora bajé.

¿Qué pudo haber pasado? Ya me había imaginado yo que la marcha contra la central de HidroAysén me repercutiría. ¿Habrá sido sólo eso?

Ah, se me olvidaba la movilización de los estudiantes secundarios. Menos mal que los pingüinos hasta ahora no han salido a la calle. Pero, no, no puede ser sólo eso. Algo más está pasando que no estoy viendo. Y eso que yo soy bueno con los números.

Ya, si ya sé que hay un problema comunicacional. Me lo dicen todos, pero no puede ser esa la causa principal. ¿O sí? Me carga cuando Carlos Larraín tiene la razón, pero parece que le apuntó cuando me dijo el otro día que no puedo gobernar sin dialogar. Es verdad que no tengo la mayoría en el Congreso. Probablemente me esté equivocando al mandar ahí proyectos sin haberlos negociado antes con la oposición. ¡Es que son tan tercos! No sólo no me quieren sino que tampoco me escuchan. Y entre ellos están tan desordenados que, aunque quisiera, tampoco sabría con quién negociar. El desorden interno que tienen desde que les gané en las elecciones no me ayuda tampoco a poder generar diálogo. No es que quiera hacerlo, pero parece que voy a tener que intentarlo. Ya veré con quién.

Mmmm, igual creo que no es lo único. Hay algo más. Porque, ahora que lo pienso, los problemas de diálogo y comunicación no sólo son con los contrincantes. Al interior de la Alianza la cosa tampoco anda bien. No soy santo de devoción de la UDI, eso lo tengo claro, pero a lo mejor podría hacerle algún guiño para que no me hagan ruido interno. Voy a tener que zanjar luego esta cuestión de la unión gay y dejarles claro que no pretendo ni por un segundo permitir el matrimonio homosexual. ¿Será suficiente? No me gusta nada esto de que los diputados del partido estén escribiendo una carta pública para criticar mi manejo del tema y menos que digan que eso es un reflejo de la mala conducción de mi Gobierno. Ya me lo había advertido la Ena en un mail. ¡Ah, la Ena! Esa es otra con la que voy a tener que conversar. Lindas las fotos que se tomó para esa revista, simpática la humorada, pero menos maquillaje y más mano dura. Igual la pobre no lo debe pasar bien. Si hasta el ministro de Salud salió a contradecirla.

Ahí hay otra cosa. No lo había pensado. No puede ser que cada vez que me meto a Internet para revisar las noticias, me encuentre con un problema al interior de mi propio equipo. A lo mejor es cierto entonces que hay un problema de diálogo. No estoy hablando con la oposición, tampoco con el Congreso y hay problemas comunicacionales dentro de mi gabinete. ¿Y si hago un cambio? Igual llevo 14 meses y ya se han ido seis ministros. Y yo que quería llegar invicto hasta por lo menos la mitad de mi período. Qué más da. Si ya cambié media docena, podré sacar a otros, ¿pero a quién? Me dicen que a la vocera, pero ¿a quién pondré ahí? ¿Habrá un Francisco Vidal de derecha? Mmmm, pero tampoco sé si sea ella la culpable de la falta de comunicación. ¿Y si pongo a Golborne en su lugar? Porque pucha que lo quiere la gente. Tiene el doble de popularidad que la mía. Pero no, tiene la pega de discutir la matriz energética. No puedo desvestir un santo para vestir a otro. ¿Y Lavín? No, tampoco. Ese funciona bien haciendo cosas. Así lo conoce la gente.

No está fácil la cosa. Yo pensé que con el buen balance y los anuncios que hice el 21 de mayo, algo iba a capitalizar. Pero no, tenían que hacerme protestas en el Congreso. ¿Qué les ha dado a todos por protestar ahora? ¡Se me olvidaba! Que no se me pase decirle a Hinzpeter lo mal que estuvo con eso de sacar y reponer las bombas lacrimógenas. Apuesto a que eso tampoco ayudó mucho.

Lo único que me tranquiliza es que, por ahora, nadie está capitalizando mi mal momento. La Concertación tiene más rechazo que apoyo y MEO no figura en ninguna parte. Ni hablar del Congreso, que está peor evaluado que yo.

Igual algo tengo que hacer. ¿Y si le digo a la Cecilia que nos devolvamos? No, me mata. Mejor guardo el celular y que ni se entere que estuve trabajando en vacaciones. A la vuelta veo como arreglo el entuerto”.

Columna escrita para Publimetro

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