Adiós General

No. No renunció al cargo luego que un hombre de sus propias filas asesinara a un joven de 16 años e intentara ocultar deliberadamente el crimen, siendo aparentemente encubierto por varios compañeros y superiores. Tampoco dejó el cargo tras las acusaciones de excesos de violencia ejercidas durante las movilizaciones estudiantiles. No cayó luego de las duras acusaciones parlamentarias que vinculan a la institución con un supuesto espionaje telefónico, ni cuando un error del organismo en el listado de víctimas del terremoto obvió el nombre de varios fallecidos.

No. Ninguna de esas razones fueron las que llevaron al General Director de Carabineros, Eduardo Gordon, a presentar su renuncia al cargo. Aunque adujo razones de salud, se va a menos de 24 horas de que una denuncia de CiperChile lo acusara de modificar un parte policial que daba cuenta que su hijo chocó con su camioneta a una joven en Providencia, dándose a la fuga.

No se entiende que cambiar un parte sea más grave que la muerte de un niño y que intervenir a favor de un familiar sea peor que no asumir la responsabilidad de mando que le cabe luego que subalternos suyos trataran de ocultar la responsabilidad del crimen y desecharan inicialmente una investigación interna.

Pero probablemente de todo, lo menos comprensible es que el Gobierno no se haya atrevido a pedirle la renuncia. Si lo hizo en privado y esa es la verdadera razón de su salida, en público lo único que nos quedó claro es que Gordon se va por voluntad propia, una enfermedad que nadie sabe cuál es y no porque asuma responsabilidad en algunos de los hechos enumerados.

¿Cuánta credibilidad pierde Carabineros luego de este episodio? ¿Cuánto está haciendo el Ministerio del Interior, Rodrigo Hinzpeter, por corregir los errores y faltas que tienen a la institución contra las cuerdas? Es el ministro del Interior el responsable final del actuar de las fuerzas policiales en el resguardo del orden público y, por lo mismo, es a él a quien le corresponde tomar medidas. Por lo visto hasta hoy, no lo ha hecho.

Carabineros vive tiempos de descrédito. Es cierto que se están llevando la peor parte al momento de contar heridos en las marchas, aunque también es cierto que acumulan una no despreciable cantidad de denuncias de abusos y exceso de fuerza. Cien días después de iniciadas las movilizaciones estudiantiles, sus hombres se declaran cansados por la presión permanente de aplicar la “mano dura” exigida por Hinzpeter. No habíamos visto nunca antes a uniformados saliendo de sus cuarteles desnudos o con máscaras de superhéroes acusando humillaciones de sus superiores. Lo están pasando mal, dicen. ¿Qué se está haciendo por proteger a una de la instituciones que venía acumulando una buena valoración ciudadana? Parece que nada.

Hoy su General Director se va, esgrimiendo un dudoso argumento y justo en tiempos de turbulencias. No asume su responsabilidad y, para colmo, se va sin que se lo pidan.

El caso del parte modificado parece un tema absurdo o al menos ínfimo frente a hechos harto más relevantes. Pero lo que no hizo Hinzpeter lo consiguió una denuncia periodística. Señor conductor: piénselo dos veces antes de pasar por encima de la ley. Pedir que le anulen un parte puede traer consecuencias insospechadas.

Columna escrita para El Post

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