Otra vez, Chile llora

Aunque la experiencia propia y ajena me han demostrado muchas veces lo contrario, siempre he creído que nada malo te ocurre cuando estás haciendo el bien. Esa premisa ingenua y sin base empírica comprobable, una vez más no se ha cumplido. Los 21 a bordo del vuelo accidentado el viernes en el archipiélago de Juan Fernández estaban en eso, llevando bondad donde la benevolencia no abunda ante el aislamiento geográfico. Pero su misión de reconstruir lo que la naturaleza inundó y dejó en el suelo hace un año y medio, fue aparentemente derribada por otro acto natural incomprensible. El viento quiso llevarse a esas 21 almas que no alcanzaron a tocar tierra firme. El mar, fuente de subsistencia de aislados e incomunicados chilenos, a veces da pero otras quita. Esta vez ha sido mezquino en devolver los cuerpos.
Filántropos, trabajadores de la cultura, periodistas y sacrificados oficiales. Ese avión Casa 212 iba repleto de lecciones de vida. Ojalá que a la hora de su muerte estemos aprendiendo a sacar lecciones de ellas.
¿Por qué se llora al que no se conoce? Porque, en el fondo, los conocíamos. En una país de muchas almas solitarias, más de las que nos hemos dado cuenta, la televisión es la fuente principal de compañía. Felipe Camiroaga y su equipo han estado todas las mañanas en las casas de millones. Madres que quedan solas mientras sus hijos estudian, hombres y jóvenes cesantes y ancianos que buscan distraer sus días en el ocaso de la vida, todos ellos se acompañan con la pantalla y llenan con matinales lo que la presencia de cariño físico les deja vacío. Probablemente conocíamos mucho mejor la vida de Felipe que la de nuestros propios vecinos. Sentíamos que si nos encontrábamos en la calle con Roberto Bruce, conversaría con nosotros como lo hacía con cada compatriota al que entrevistaba graciosamente en sus móviles. Los rostros de productores, periodistas y camarógrafos no nos eran desconocidos porque el programa en el que trabajaban se encargó de meterlos al set cada vez que había fiesta.
Felipe Cubillos, el hombre a cargo del programa “De­sa­­fío, levantemos Chile”, era un tipo acomodado, pero se granjeó el cariño de todos porque se tomó la molestia de ayudar. Lo hizo con desinterés y, aún siendo de derecha, criticó al Gobierno por la tardanza en la reconstrucción. Respetamos su filantropía porque no le hizo el quite cuando había que interpelar el rol del Estado.
Anónimas funcionarias del Consejo de la Cultura dejaron grabados sus rostros en la memoria colectiva chilena porque murieron llevando esperanza a los isleños. Querían capacitarlos para postular a fondos de cultura y que, a través de ellos, consiguieran un mejor pasar. Y los uniformados que hoy despedimos son el espejo de miles que, como ellos, han sido el único puente real entre los habitantes de un archipiélago que vive en la escasez y el Chile continental de la fertilidad.
Nuestro país está marcado por una geografía intensa. Este Chile que en el mes de Fiestas Patrias tuvo un triste comienzo. Un episodio que destempla aún más el espíritu nacional que sentimos demasiado golpeado en tan corto tiempo. Pero el desconcierto y la aspereza que deja en el alma una tragedia como ésta, la más grave en casi 30 años, no sólo sirve para sacar lecciones de altruismo y generosidad. Chile suele enseñarnos la mejor cara que tiene en las tragedias. La unidad nacional, la misma que estábamos extrañando, reaparece emocionalmente en tiempos de dolor.
No se nos pasará el momento de buscar respuestas a muchas preguntas que merecen ser contestadas: si era este el avión más indicado para que viajaran, si no es tiempo ya de mejorar las condiciones del aeródromo de Juan Fernández y por qué nuestro Chile insular sigue viviendo en el abandono. Pierdan cuidado. Nos encargaremos de hacerlo. Hoy es el tiempo de la despedida, y no hay mejor acto de homenaje para los 21 que honrarlos con amor, el mismo que llevaban al Chile aislado. En su recuerdo y para que su muerte haciendo el bien no haya sido en vano, llegó la hora de ocuparnos de los que quedaron esperando por su ayuda.

Columna escrita para Publimetro

 

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